Ahora, el ex presidente de la Asociación Inter-étnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), Alberto Pizango, ha declarado desde Nicaragua —país que lo acogió luego del Baguaz, el pasado 5 de junio— su deseo de retornar al Perú, si el Poder Judicial le levanta la orden de detención por la de comparecencia.
El líder amazónico le pide a la justicia peruana que varíe su orden de captura, para que su retorno sea pacífico. Como si no recordara, que lleva consigo la muerte de policías e indígenas.
Con que tranquilidad exige se le respete sus derechos, por que ahora sí quiere aclarar las cosas. Cuando salió corriendo del país en cuanto se vio acorralado.
No pretendamos, una vez más, olvidar las muertes de compatriotas civiles y militares. Si la triste historia de Bagua, no nos hace reflexionar como peruanos, cuando vamos a reaccionar.
Lo más gracioso del asunto es, que el ex dirigente selvático, ya cree tener la capacidad de dirigir una nación.
¡Qué ingenuidad, por Dios! ¡Dirigir un país! Si con un grupo pequeño no pudo, mucho menos con millones de personas.
Acaso no sabe que los peruanos, ya estamos cansados de tanto politiquillo. Basta ya de actuar bajo conveniencias, si en la selva lo siguen queriendo como su líder, entonces que continúe por allá.
Pero no pretenda creer que, porque su propia gente lo aclama como candidato, está apto para ser uno más en la lista de aspirantes presidenciales.
Para ser un verdadero candidato hay que tener pasta… y bien cocinada. Ah, pero no crean, que no estoy siendo democrática. Claro que “cualquiera” puede aspirar el sillón presidencial.
Pizango, quien reclama que existe una persecución política y judicial en su contra, dice que se siente prisionero en Managua y que se vio obligado a huir del país, debido al acecho de la justicia y la falta de garantías en un proceso justo y limpio.
Quiere limpiarse de polvo y paja diciendo que no llamó a la revuelta en la selva, y que la culpa fue del gobierno por no aceptar derogar los decretos legislativos. Estoy de acuerdo, que el régimen tiene parte de su culpa, pero no seamos ciegos. Acá el error fue de ambos lados. ¿Y las muertes, quien las paga?
MERCEDES LEÓN
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